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01/02/2010, LA NUEVA ESPAÑA
Real Filarmonia de Galicia,fundamental
Ya había ganas de escuchar de nuevo a la Real Filharmonía de Galicia, desde que el pasado mes de mayo presentara, con Juanjo Mena al frente, un monográfico de Haydn. Entonces, la orquesta dejó un gran sabor de boca, con una interpretación compacta y vital de las sinfonías n.º 6, 7 y 8 del compositor austriaco. Fue una buena muestra de la dedicación a este repertorio en el que la orquesta ya se «especializó» desde sus comienzos, bajo la directriz de Helmuth Rilling. El viernes, recaló así la orquesta compostelana en la temporada de la Sinfónica del Principado de Asturias, esta vez en el Auditorio ovetense -en 2009 la sede del concierto fue el teatro Filarmónica-. El éxito volvió a repetirse, con las cualidades de la formación gallega perfectamente adaptadas a un programa totalmente distinto y ya de por sí seductor musicalmente.
La Real Filharmonía llegó en su última visita dirigida por Christoph König, joven batuta de formación alemana en plena evolución en su carrera como director, ahora con base en la Orquesta Nacional do Porto, de la que es titular. Merece la pena seguirle la pista a König, visto el resultado del concierto que condujo en Oviedo. Da la impresión de que su experiencia lírica previa enriquece el discurso sonoro del repertorio sinfónico en el que actualmente se implica. El resultado fueron versiones maduras, con un sentido musical aplastante y en un verdadero ejercicio de orquestación, sólo alcanzable, por otro lado, por orquestas tan estables a la par que flexibles como la gallega. Un gran concierto, en suma, para no perderse. Aunque el viernes a la misma hora el teatro Jovellanos celebró su reapertura y también con música. ¿Es que es tan difícil ponerse de acuerdo?
La obertura luminosa y cómica de «Il signor Bruschino» de Puccini fue la antesala de lo que la Real Filharmonía tenía preparado para los aficionados. El lirismo conseguido por la orquesta en la obra, con las dinámicas características, en crescendo, fueron los pilares de la interpretación de la Filharmonía en la primera parada del programa, con una claridad en la ejecución que se mantuvo en todo el concierto.
Increíble versión la del «Concierto n.º 2 para violonchelo», para el que la Real Filharmonía contó con Alban Gerhardt, chelista berlinés de repertorio apabullante y que cumple lo que dice en sus notas biográficas, acerca de su instinto musical y de su manera de hacer llegar la música, de forma directa, al público. El concierto no decayó en ningún momento, en una de esas versiones que te dejan «pegado» a la butaca. Habría mucho que contar. Como la calidad del fraseo del solista, hasta el último aliento, de una partitura con la que Shostakovich cerró su catálogo concertante no sin dramatismo. Una gravedad contenida, profunda, que se libera de algún modo en la parte central del primer movimiento, interpretado por la orquesta con gran lucidez. Gerhardt imprimió otro vigor a los dos movimientos siguientes, con un discurso continuado del chelo, al que se le impone la orquesta, en esta ocasión perfectamente ensamblada. La fluidez sonora desde el escenario quedó demostrada en el desarrollo de estos dos movimientos que se concatenan, con un trabajo de timbres y de texturas exquisito, que apoyó perfectamente el papel del solista. Como propina, Gerhardt redondeó un homenaje a Rostropovich con una obra del gran chelista, si tenemos en cuenta que el concierto escuchado lo estrenó precisamente Rostropovich en Moscú, en 1966.
No menos emocionante fue la interpretación de la orquesta de la «Quinta» de Dvorák. En la sinfonía, la formación terminó de demostrar la calidad de cada una de sus familias instrumentales. La característica instrumentación de Dvorák se desplegó por la Real Filharmonía de forma brillante, rica en matices y límpida, a pesar del traspiés de la trompa en el último movimiento, que no oscureció para nada el resultado de la interpretación. Gran actuación de las cuerdas ya desde el primer «Allegro», con un viento que aportó mucho más que riqueza de colorido a la obra. Para cerrar la sinfonía, el «Finale» combinó con ingenio los temas de carácter contrastante que sirvieron para mostrar a una orquesta espléndida, que ocupa un lugar fundamental en la música sinfónica que se toca en España, bajo las órdenes de Antoni Ros Marbá. Un bravo bien merecido
Septiembre 2010
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